Por: Alexandra Acosta

En
un país al que llegó tarde la imprenta, a principios del siglo XIX, la
literatura nació con la fuerza que le otorgaba una larga espera. Y fue posible,
en gran parte, gracias a la presencia femenina. 
La mujer ha sido un pilar insustituible en cada una de las facetas que
forman nuestro pueblo como lo son la familia, la educación, la ciencia, la
tecnología y el desarrollo político.  Un
gran impulso hacia el cambio exorbitante de la figura femenina, se ha visto
presente en miles de páginas de autores puertorriqueños.  Una de esas personas que ha plasmado la vida
y la identidad de la mujer puertorriqueña lo es Magali García Ramis.

            Sanjuanera de corazón aunque oriunda
del vecino Santurce, esta autora nace en el año 1946. Desde ese entonces creció
rodeada de palabras.  En 1964, ingresó a
la Universidad de Puerto Rico, en la que obtuvo el bachillerato en
historia.  Posee una maestría en Ciencias
del Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York y cursó estudios
doctorales en la Universidad Autónoma de México.  Ejerció su oficio en rotativos como El
Imparcial, El Mundo y La Hora, donde alcanzó un gran prestigio por sus
comentarios acerca de la actualidad puertorriqueña.

             Es menester destacar que Magali García Ramis
pertenece a la generación del setenta, una que fue de mucho impacto para la
cultura y literatura. Esta generación marcó una nueva etapa para nuestra
identidad, ya que se dudaba si éramos puertorriqueños o americanos. Lo que la
hace parecida a la del cincuenta, una generación nacionalista. Época donde la
mujer puertorriqueña se da a ver, siendo más representadas en todas las áreas
de trabajo. Una oleada feminista llegó a Puerto Rico, siendo este tema una de
las aportaciones más valiosas, de esta escritora, a la literatura
puertorriqueña contemporánea.

            García Ramis da a ver estas
características en todas sus obras, una de ellas, su primer libro “La familia
de todos nosotros”; donde nos encontramos con la mujer revolucionaria de los
años cincuenta, la joven con pensamientos innovadores, la esposa sumisa y con
la madre trabajadora.  Parte de este
libro lo es el cuento “Flor de cocuyo” donde la autora se desprende de lo que
considera la falsa femineidad y el eros fauto de la sociedad moderna. En este
relato una estudiante universitaria se aferra a las inestables relaciones de un
mundo académico que parece haber perdido su orientación fundamental, en cuanto
a los valores humanos más pertinentes. No obstante, en el texto “La vida
pequeña de Juana Marchena” encontramos un personaje que con “voluntad férrea de
sementera” se jacta de su prolífica vida dedicada al hogar y a los hijos. Estas
obras representan la diversidad femenina de nuestro país, las facetas y
posturas que han permitido sacar de la ausencia a la mujer.

Por otra parte, el cuento “Una semana de
siete días” relata la separación de una madre e hija. Esta última, no pierde la
esperanza de que su madre volverá por ella aunque fuese mentira. Porque aquella
mujer que tenía grandes los ojos y hacía llorar a los hombres, no era más que
una izquierdista que luchaba por sus ideales políticos. Junto a esta obra nace
el texto “Por qué Lolita, señor federal” donde un federal pregunta a
puertorriqueños la razón por la que Lolita Lebrón era tan admirada. ¿Su
respuesta? La admiramos porque, al contrario de tantos simulacros de
revolucionarios contemporáneos, su objetivo no fue fama, sino justicia. Ambas
historias presentan la vida de esa mujer puertorriqueña luchadora e
independiente, la mujer que cuando decide luchar lo hace sin ambages. 

Es en su obra cumbre: “Felices días, tío
Sergio”, que nos encontramos con una niña llamada Lidia. Donde para crecer
tiene que desprenderse del control familiar rechazando las enseñanzas
impuestas. Tuvo que librarse de la política asimilista conservadora de la época
y el rol de la mujer como servidora y madre en la iglesia católica. Las mujeres
de la familia eran cosmopolitas de clase media-alta y representaban un nuevo
sector de mujeres en la historia de Puerto Rico: la clase profesional.

 Sin
duda alguna, las reflexiones contenidas en la obra de Magali García Ramis
tienen como propósito presentar los elementos más significativos de la
identidad de la mujer puertorriqueña. Dicho tema presente en cada una de sus
obras constituye materia que desenmascaran los mitos culturales a través de la
mujer. Muchas de estas, juegan un papel trascendental en la historia de nuestro
país, tomando de ejemplo mujeres ilustres como Mariana Bracetti, Doña Fela, Sor
Isolina Ferré Aguayo, Lola Rodríguez de Tió, entre muchas más.

            Para finalizar, comparto el siguiente pensamiento de la ganadora del nobel de la paz del 1992, Rigoberta Menchú y cito: “Una mujer con imaginación es una mujer que no solo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio.”, cierro cita. Y, es que, es imposible ignorar todos los acontecimientos y lo que representa la figura de la mujer para cada individuo puertorriqueño. Porque todos aquí tenemos una tía Elena, una tía Rosa, una abuela Sara y hasta una madre María. Y cada una es diferente, única, sublime, fuerte y emprendedora a pesar de la condición social que siempre ha existido. Más que recordar la figura de la mujer en Puerto Rico, Magali García Ramis nos hace acércanos a su esencia y su afán de cambiar el país en que vive como escritora, puertorriqueña y mujer.