La Metamorfosis Universitaria

Es el 31 de mayo de 2025. La clase graduada de la escuela superior a la que pertenecí  hace su primer reencuentro desde la noche del baile de graduación. Poco a poco empiezan a llegar los ex alumnos de dicha clase. El tema de toda conversación es: quien se dejo de quien, quien se caso, quien se divorció, quien cambio, quien embelleció, quien envejeció… en fin, las risas y el jubilo de viejos amigos haciendo bromas y chistes llenan el aura de la cancha bajo techo de dicho plantel escolar y aquí es cuando me confronto a una muralla más grande que las del Morro. Me dado cuenta de cuánto una persona puede cambiar desde que sale de escuela superior. Al salir de aquel ambiente, lo que fue la enredadera emocional y hormonal, uno se ve persuadido a evolucionar.  Y parte de esa evolución empieza cuando entras a un mundo tan diverso como los continentes de este planeta, la universidad.

Mi vida universitaria comenzó un 19 de agosto de 2012. No fue cuando pise el suelo del campus de la Universidad del Sagrado Corazón, sino el  día del plebiscito sobre la fianza  y la reducción de la legislatura.  Esa noche acompañé  a mi tía a el ala norte de el capitolio donde desenas de personas de los partidos minoritarios salieron a la calle a festejar la victoria del pueblo. Esa noche paro de existir aquel ingenuo joven recién graduado de la escuela superior Isidro A. Sánchez de Luquillo.

Poco a poco mi mentalidad fue evolucionando: la perspectiva que tenia de la vida, mis prioridades, y mis gustos musicales fueron pasando de ser una necesidad para estar a la moda y comenzó a dar forma al ser que soy hoy. El medio ambiente en el que me encontraba hizo que renaciera en mi una persona diferente, cualquiera me veía en la calle y por mi apariencia y la forma en la que expresaba podría decir que era “un come fuego de la UPR”. No lo niego, son muchas las veces  que he dicho: “Soy gallito de corazón, pero por necesidad estoy en el Sagrado Corazón” mis estudios estaban en un sitio, pero mi corazón estaba en un campus totalmente diferente. Pero a pesar de ser “un gallito frustrado” al pasar los meces me fui acomodando y acogiendo a mi Universidad.  Le empecé a coger cariño a aquel  “delfín fashonista”, para aclarar no estoy diciendo que me volví materialista; solo que donde se encuentran estas dos universidades se convirtió en mi segundo hogar. San Juan, específicamente Santurce y Rio Piedras.

El Romanticismo de la zona metropolitana que describe Luis Lloren Torres  en su poema “Valle de Collores” eran las mismas circunstancias en las que me encontraba yo: “la urbe, el teatro, el café, la plaza, el parque, la acera” poco a poco me fue enterrando en lo que fue un desajuste mental y emocional. Esos primeros meces que pasas fuera del tu pueblo y empiezas a aventurarte en áreas que no conoces, gateas en un mudo desconocido y empiezas a conocer cada “recoveco” que encuentres. Es entonces cuando empiezas a extrañar a tu pueblo y a tu gente. A sentir orgullo de donde provienes.

Aquí también te das cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos y quienes solo estuvieron por conveniencia. Cuando estuve en la escuela superior uno siempre estaba al tanto de todo  ocurría en ese pequeño mundo en el que nos vimos envueltos por tres años. Pero al tu salir te percatas que todo fue pasajero y sé que las asignaciones nos arrollan hasta más no poder pero hay de esos amigos que sacan tiempo para verse a pesar de estar en otras universidades. También en la forma en las que nos comunicamos ha habido una evolución monumental, una de las formas en las que nos mantenemos en contacto con esas amistades son cuando nos escribimos o buscamos por las redes sociales ¡Pobre de nuestros padres que en sus tiempos solo se podían comunicar por cartas y aquellos afortunados que tuvieron servicio de teléfono! y aun con tantos avances la mayor parte de nosotros  nos veremos, a lo mejor, en ese reencuentro de la clase graduada. Te ves convencido a conocer nuevas personas, hacerte amigo de la soledad y vagabundear por ti mismo. Así es cómo el tiempo, o la universidad, nos moldean a ser quienes realmente somos. En fin, la transición de escuela superior a universidad nos hace madurar y nos empieza a desarrollar como adultos, cada uno con nuestros propios dilemas y experiencias.

 

 

 

 

 

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Mi vida universitaria comenzó un 19 de agosto de 2012. No fue cuando pise el suelo del campus de la Universidad del Sagrado Corazón, sino el  día del plebiscito sobre la fianza  y la reducción de la legislatura.  Esa noche acompañé  a mi tía a el ala norte de el capitolio donde desenas de personas de los partidos minoritarios salieron a la calle a festejar la victoria del pueblo. Esa noche paro de existir aquel ingenuo joven recién graduado de la escuela superior Isidro A. Sánchez de Luquillo.

Poco a poco mi mentalidad fue evolucionando: la perspectiva que tenia de la vida, mis prioridades, y mis gustos musicales fueron pasando de ser una necesidad para estar a la moda y comenzó a dar forma al ser que soy hoy. El medio ambiente en el que me encontraba hizo que renaciera en mi una persona diferente, cualquiera me veía en la calle y por mi apariencia y la forma en la que expresaba podría decir que era “un come fuego de la UPR”. No lo niego, son muchas las veces  que he dicho: “Soy gallito de corazón, pero por necesidad estoy en el Sagrado Corazón” mis estudios estaban en un sitio, pero mi corazón estaba en un campus totalmente diferente. Pero a pesar de ser “un gallito frustrado” al pasar los meces me fui acomodando y acogiendo a mi Universidad.  Le empecé a coger cariño a aquel  “delfín fashonista”, para aclarar no estoy diciendo que me volví materialista; solo que donde se encuentran estas dos universidades se convirtió en mi segundo hogar. San Juan, específicamente Santurce y Rio Piedras.

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Aquí también te das cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos y quienes solo estuvieron por conveniencia. Cuando estuve en la escuela superior uno siempre estaba al tanto de todo  ocurría en ese pequeño mundo en el que nos vimos envueltos por tres años. Pero al tu salir te percatas que todo fue pasajero y sé que las asignaciones nos arrollan hasta más no poder pero hay de esos amigos que sacan tiempo para verse a pesar de estar en otras universidades. También en la forma en las que nos comunicamos ha habido una evolución monumental, una de las formas en las que nos mantenemos en contacto con esas amistades son cuando nos escribimos o buscamos por las redes sociales ¡Pobre de nuestros padres que en sus tiempos solo se podían comunicar por cartas y aquellos afortunados que tuvieron servicio de teléfono! y aun con tantos avances la mayor parte de nosotros  nos veremos, a lo mejor, en ese reencuentro de la clase graduada. Te ves convencido a conocer nuevas personas, hacerte amigo de la soledad y vagabundear por ti mismo. Así es cómo el tiempo, o la universidad, nos moldean a ser quienes realmente somos. En fin, la transición de escuela superior a universidad nos hace madurar y nos empieza a desarrollar como adultos, cada uno con nuestros propios dilemas y experiencias.

 

 

 

 

 

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